Por: Rafael Oñate Rivero
Despierta un nuevo día y después de la oscura noche, ni usted ni yo, porque sé que pensábamos lo mismo, hemos encontrado la explicación a tan absurda desventura. En la ciudad, en el pueblo, en las veredas, en el ambiente universal, en el corazón de sus habitantes avanza el dolor recóndito, causado por la infausta partida de uno de sus retoños privilegiados, sin asimilar en ningún instante aquella inferencia del dramaturgo Atínense, Menandro, que decía, que; “los héroes predilectos de los dioses, siempre morían jóvenes.”
Aun es difícil reponerse de este duro golpe, tan fuerte en nuestro ser como aquel que a menudo suele golpear, igual que una gota de agua en el mismo sitio. Dolor que aflorará cada vez que se escuche un verso de los creados en la esfera de su canción nueva, modalidad folclórico-musical extendida en el horizonte a través del canto, como en otras épocas lo concibieran otros juglares de “Carne y Hueso”, quienes también fueron innovadores y sensibles a las expresiones de la naturaleza, los hechos cotidianos y a su propia convicción amorosa, pletorita de nostalgia y sentimientos para que la inspiración poética siguiera su curso.
Cada vez que avizoro las circunstancias de lo acaecido, trato de penetrar en los misterios de la creación y la vida, comprender el sentido del dolor, el sufrimiento y la pena en el ser humano, que es uno de los desafíos más confusos y contradictorios aun estando implícitos en la progresión del hombre y su razonamiento…? Porque ha de existir el dolor y el sufrimiento si hay muchachos que quieren ser y que los demás sean felices?...He aquí la piedra en la cual tropiezan todas las sabidurías, cuando a través de la historia tratan de explicar los hechos connaturales y las causas del crecimiento,la supervivencia y la vulnerabilidad humana, que en resumidas cuentas tendríamos que coincidir en que esta definitivamente es una incógnita que desborda a la comprensión intelectual desprevenida de quienes quisiéramos abordar el enigma de tan punzante misterio.
Cierto que estamos de acuerdo; como dijera el mas grande de los trovadores; “cargando con su briosa juventud mostró un equipaje poético excepcional, que a medida que lo fue desempacando, se perfiló como un hacedor de palabras, imaginó figuras dulces de inmenso colorido e intenso contenido, adecuándolas al formato de una generación donde imperó la afinidad de sus amigos y el tiempo, quienes le acogieron sin reservas por lo recursivo en sus argumentos y la veracidad de un anecdotario que le configuró como un canta-autor consumado, que en toda ocasión quiso persuadir a la mujer amada y revelarle una idolatrada intención parte vital de un sueño, ahora materializado hasta el final de sus días.
Su aparición en el contexto artístico le hace merecedor a la designación simbólica que lo ponen a liderar el llamado boom de la expresión musical de la tierra que le vio nacer en sus entrañas, sus cantos tenían la fragancia de las flores en primavera y sus alegres melodías parecían la alborada de un nuevo día, un nuevo concepto de lo narrativo, de lo expresivo y de lo sentimental, que lo consagró con tanta rapidez que su carisma y su popularidad obtuvieron el más alto de los rangos.
Desafortunadamente se marcha en el momento que podría cantarnos muchas de esas historias habituales que le germinaban en la fantasía de un corazón enamorado y antes de rendir un juramento de intrínseca grandeza como es el Juramento Hipocrático, que era un culto a su verdadera contemplación profesional; “Consagrar su vida al servicio de la humanidad”.
Kaleth Morales Troya; perdurara en nuestra memoria, porque como dijera, Thomas Carlyle; “Si un hombre era grande en vida, se vuelve diez veces mas grande después de su muerte”.